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30/9/14

Defensa Nacional: los riesgos del “desarme psicológico” en las Fuerzas Armadas

Para darse una idea de la capacidad de defensa de un  país se suele mirar un indicador cuantitativo, el gasto o presupuesto militar. Sin embargo, esta medida no alcanza para describir cabalmente esa capacidad. Es necesario contar también con alguna medida cuantitativa. Una de ellas es la dimensión psicológica que reúne a un conjunto de aspectos tales como el grado de preparación, la motivación, la cohesión, y la moral de las fuerzas armadas.

Este trabajo analiza, en particular, el estado de la dimensión psicológica en las fuerzas armadas argentinas en la actualidad, las compara con las de Francia en 1940 y reflexiona sobre sus posibles consecuencias para la eficiencia en combate (1). En general, este trabajo sirve también como ejemplo de la importancia de la dimensión psicológico en organizaciones complejas.

Síntomas

Algunos síntomas que pueden indicar la presencia de problema en la dimensión psicológica de la capacidad de la defensa de la argentina han aparecido en los medios. Por ejemplo, una encuesta encargada por el Ministerio de Defensa publicada en la Nación (19-11-2007) muestra algunos resultados preocupantes en las fuerzas armadas argentinas. Cuando se le preguntó a los oficiales encuestados cómo imaginaban a la fuerza (ejército, armada, o fuerza aérea), dentro de 10 años, entre un sesenta y un setenta por ciento respondió que se la imaginaba  “como una fuerza anticuada poco eficiente y poco competitiva”. A la pregunta de cómo consideraba la imagen actual de la fuerza (ejército, armada o fuerza aérea), los encuestados entre un sesenta y tres y un setenta y tres por ciento que la imagen pública militar había decaigo desde el 2003.


Según un informe publicado en Clarín (3-02-2008), sólo en el año 2007 se fue de la Fuerza Aérea Argentina la misma cantidad de gente que entre el 2002 y el 2006. Además se produjo un salto en la tasa de accidentes cada diez mil horas de vuelo, que escaló de un promedio de 2,61 entre 1994 y 2003 a 6,16 en 2005 – aunque volvió a caer un poco a 3,5 en 2006-. También se destaca el desaliento existente entre los pilotos ante la perspectiva de volar cada vez menos si es que decidieran permanecer bajo bandera.
Los resultados de otro informe elaborado recientemente por pedido del Ministerio de Defensa señalan un alto grado de desmotivación e insatisfacción entre los miembro de las fuerzas armadas. Casi la mitad de los encuestados declararon que pensaron dejar la carrera en los últimos dos años, Además, un número importante también declaró tener un segundo empleo (La Nación, 14-12-2008).
Las Fuerzas Armadas Argentinas “no están hoy en condiciones de cumplir con su misión principal que le otorgan la Ley y la Constitución”.
Por último, un sitio brasileño que produce un ranking de poder militar regional desde 2003 (www.militarypower.com.br) ubica a Brasil en el primer lugar. Una de las dimensiones de este ranking se llama “Plano de Defensa Nacional”. Se trata de un indicador compuesto que mide el planeamiento en el largo plazo, el interés en el fortalecimiento de las fuerzas armadas, la industria bélica, la política de defensa nacional y la voluntad política. De este modo, el indicador sugiere la importancia y jerarquía que le asignan las autoridades del país a la promoción de la defensa nacional y dentro de ella a las fuerzas armadas. En los años 2003-04 la Argentina se encontraba en el tercer lugar, para el bienio 2005-06 había descendido al quinto lugar, estando ahora detrás de Chile, Venezuela, Brasil, y Colombia.

Diagnóstico

En la revista DEF de diciembre de 2008 algunos especialistas abordaron la situación de la defensa en la región. En coincidencia con los síntomas presentados, el panorama respecto de la Argentina parece preocupante. El director del Instituto de Suguridad Internacional y asuntos Estratégicos del CARI, Julio Hang, destacó que las Fuerzas Armadas Argentinas estarían perdiendo capacidad técnico-operacional. Por su parte el ex ministro de defensa Horacio Jaunarena, afirmó que las Fuerzas Armadas argentinas “no están hoy en condiciones de cumplir con su misión principal que le otorgan la Ley y la Constitución”. Por último, Rosendo Fraga, especialista en tema de defensa, concluyó que “mientras que Brasil y Chile desarrollan políticas coherentes que implican reequipamiento, modernización de sistemas, mejoras salariales relevantes y buenas relaciones cívico-militares, en la Argentina por ejemplo, las Fuerzas Armadas se sienten relegadas” (énfasis agregado). Estas últimas palabras resumen la naturaleza del problema y describe un estado mental que puede denominarse “desarme psicológico”. La presencia del mismo puede afectar el buen desempeño de cualquier fuerza armada. Al respecto existe un caso que vale la pena ser estudiado.

La ambivalencia francesa: 1919-1940

Entre mayo y junio de 1940 el ejército alemán venció al francés de modo fulminante. La derrota sorprendió al mundo por su rapidez y contundencia y pasó a la historia como “extraña”(2). Hasta ese momento el ejército francés, victorioso en la Primera Guerra Mundial, era considerado como el mejor del mundo. De inmediato comenzaron a buscarse las razones de semejante debacle. Entre ellas, es posible señalar las que se centraron en los aspectos internos de la nación francesa y las puramente militares. El primer caso, se explica por las características de la sociedad y la política de la Francia de entreguerras. El historiador Jean B. Duroselle describió al producto de la difícil convivencia de profundas divisiones sociales e ideológicas como La Décadence(3). Entre ellas se destaca la relación conflictiva entre un bloque importante de partidos en el parlamento y las fuerzas armadas. Además, el sistema de partidos fraccionado produjo una sucesión de gobiernos débiles e inestables que impidió que se llegara a acuerdos sobre cómo enfrentar mejor a la amenaza alemana. Se generó así un estado de “ambivalencia”(4).
Desde el punto de vista militar, el historiador Douglas Porch afirma que “el resultado del conflicto puede explicarse por los errores cometidos desde el principio por los Aliados,  y por la habilidad alemana de capitalizar sobre esos errores… {el} liderazgo {aliado} careció  de determinación e implacabilidad”(5). Mientras que los franceses se prepararon para la “batalla metódica” en lo que esperaban sería una larga guerra; los alemanes lograron imponerse utilizando de modo innovador la combinación de armas (popularizada bajo el nombre de Blitzkrieg). Frente a ese novedoso despliegue, los altos mandos franceses fueron incapaces de adaptarse.
Eugenia Kiesing, profesora de West Point, dio una de las mejores repuestas para explicar esa incapacidad de adaptación, El ejército francés a lo largo del período de entreguerras no pudo desarrollar una mejor estrategia para enfrentar a los alemanes porque terminó “atrapado por circunstancias políticas en una estrategia defensiva”(6) (énfasis agregado). Esta afirmación se refiere al modo en cómo se relacionaron los políticos con los militares y no al precepto clausewitziano de quela estrategis militar debe estar subordinada a la política(7). De este modo las explicaciones políticas y militares convergen en un resultado traumático.
Faris Kirkland, investigador del Departamento de Psiquiatría Militar del Ejército de los Estados Unidos, aporta una explicación de cómo se produjo este encuentro. Su investigación muestra una asociación entre las políticas del gobierno y los procesos que llevaron a las fuerzas armadas francesas a un estado de debilidad psicológica (8). Por lo tanto, los actos del gobierno civil afectaron la eficiencia militar francesa a través de las mentes de los oficiales. Para Kirkland el estado psicológico del cuerpo de oficiales puede encontrarse en algún punto de un continuo que va desde la “autonomía”; es decir saludable, a la “dependencia”; es decir, debilitado. En el primer caso, partiendo de una relación de subordinación de las fuerzas armadas a las autoridades políticas, la existencia de respeto muto entre los lideres gubernamentales y militares fomenta a la confianza, la creatividad y la iniciativa. En el otro extremo, una relación cívico-militar conflictiva generaría un cuerpo de oficiales desconfiado, con un esquema mental inflexible, resistente al cambio y pensado sólo en sobrevivir en la carrera. De esta manera, el cuerpo de oficiales fue abandonando una actitud de saludable autonomía hacia otra de rigidez burocrática y defensiva. Para ese autor las relaciones cívico-militares en Francia entre 1920 y 1940 son un caso interesante de consecuencias de segundo a tercer orden no queridas de la acción gubernamental o legislativa sobre el estado mental de las fuerzas armadas y, por lo tanto, sobre su efectividad en combate: “mientras {que} las fuerzas armadas pelearían por su país, la eficiencia con que lo hacen es una función del grado en el que sus lideres tienen una saludable actitud para confrontar la realidad, aceptar la responsabilidad, alinear sus prioridades con las del gobierno y crear dentro de las fuerzas una atmósfera que promueva la confianza, la innovación, y la comunicación abierta”. Por lo tanto, respecto de los lideres militares, Kirkland concluye que “ellos podían ser competentes y potencialmente sobresalientes, pero en la preparación y conducción de la guerra fueron afectados por las consecuencias sutiles e insospechadas del conflicto cívico-militar”.
No es lo mismo tener sólo fuerzas armadas numerosas y bien equipadas que tener fuerzas armadas eficientes para el combate. Es más fácil conseguir lo primero que lo segundo.

Conclusiones

El objeto de la investigación de Kirkland fue llamar la atención sobre las consecuencias no deseadas de políticas que parecen lógicas y expeditivas. Para 1940, las fuerzas armadas francesas se hallaban psicológicamente desarmadas. Una situación semejante afecta la cohesión de los cuadros, los procesos decisorios y puede generar repuestas inadecuadas frente a nuevos desafios.
El análisis obliga a tener presente la diferencia entre la dimensión cuantitativa y la dimensión cualitativa. No es lo mismo tener solo fuerzas armadas numerosas y bien equipadas que tener fuerzas armadas eficientes para el combate. Es más fácil conseguir lo primero que lo segundo.
Las fuerzas armadas argentinas presentan un cuadro más preocupante que las francesas en 1940, en el siguiente sentido: no sólo enfrentan la obsolescencia del material y el bajo presupuesto, sino que muestran síntomas de un incipiente estado de desarme psicológico. Francia aprendió de esa súbita derrota. La Argentina, por suerte todavía puede aprender de esa traumática experiencia.
Para Kirkland, el cuerpo de oficiales puede ser competente y potencialmente sobresaliente pero en la preparación y conducción de la guerra puede ser afectado por las consecuencias sutiles e insospechadas del conflicto cívico-militar.
  1. La Doctrina de Defensa Británica por ejemplo, mide la capacidad para combatir en tres componentes: el físico (los medio), el conceptual (el proceso de pensamiento) y el moral (la motivación, el gerenciamiento y la conducción). Geoffrey Till: Poder Marítimo. Una guía para el siglo XXI. Buenos Aires: Instituto de publicaciones Navales 2007, pp. 151-152. Al centrarse en la dimensión psicológica, nuestro análisis mira cómo se ven afectados los dos últimos componentes de esa tríada.
  2. Marc Bloch: Strange Defear: A Statement of Evidence Writen in 1940. New York: Norton, 1968.
  3. J. B. Duroselle: La Décadence 1932-1939. Paris: Imprimerie nationale, 1979.
  4. Young, Robert: France and the Origins of the Second World War. New York: st Martin´s press, 1996.
  5. Porch, Douglas: “Military ´ Culture and the fall of France in 1940 A Review Essay” International Security, 24 (4) Spring 2000 pp. 157-180.
  6. Kiesling Eugenia “ The fall of France Lessons of the 1940 Campaing” Defence Studies 3 (1) Spring 2003 pp. 109-123.
  7. Esta  idea se desarrolla  mejor en el trabajo  de la misma autora Arming Agains Hitler. France and the Limits of Military planning (Lawrence: University Press of Kansas, 1996).
  8. Kirkland, Faris: “Governmental Policy and combat Effectiveness: France 1920-1940” en Armed Forces & Society, 18 (2) Winter !992, 175-191.

Fuente:
Revista UCEMA Agosto 2009
Transcripto por: Javier Cerizola

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