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10/12/14

La (In) formación de la (In) seguridad nuestra de cada día

Cuando se habla de instituciones no se refiere solamente a las instituciones judiciales o policiales, también se refiere a los medios de comunicaciones. ¿Qué se muestra y qué se oculta? ¿Qué se menciona y qué se calla? Se dice mucho y se explica poco. La responsabilidad de los medios es cada vez mayor cuando se tratan  temas relacionados con la inseguridad.
Hablar de inseguridad es un tema que nos permite ser escuchados de manera casi instantánea.
Tratar el tema genera un canal de sociabilidad inmediata y quien lo haga, gozará de algo que algunos logran con un poco más de esfuerzo que si se tratara de educación, salud o políticas ambientalistas. Con información mínima, sin necesidad de algún rigor técnico y sin contar con aptitudes especiales, estará listo para cuando la luz roja se encienda.

La atención del público de la pantalla de TV, radio, o Internet, sin dejar de lado al lector de diarios o revistas, estará asegurada. Ahora sólo falta mostrarse o hacerse llamar “especialista”, título que muchas veces se oye o se observa al pie de notas periodísticas, pero que casi nunca o casi siempre no se logra refrendar, y esto último como un componente no siempre necesario pero útil para que la aparición en escena esté completa. Pero no es así cuando se trata de víctimas, o de testigos presenciales de los hechos, aquí la cuestión cambia y de manera sustancial.
La opinión de víctimas o testigos, su dolor, sus amenazas, su llanto, su indignación y su catarsis, son el fruto de una nota periodística “bien hecha”, y digna de elogios por parte de sus superiores. De eso se trata, de lograr un producto con características de valor comercial a bajo costo y de venta rápida. Ahora bien, esto no finaliza acá, dado que cada uno de los que participan será evaluado y ubicado de manera estratégica, como si se tratara de productos colocados en punta de góndola de un supermercado.
La profesión del autor o víctima no es nada menor, como así también su nacionalidad, en directa relación con el binomio nacionalidad-delito, siendo mucho más impactante un narcotraficante mexicano o colombiano, que otro de nacionalidad peruana o boliviana.
Quienes se han “apoderado” del tema de la inseguridad difunden conceptos tan disímiles como disparatados; quien la sufre recurre a “soluciones” tan improvisadas como impracticables.
Obviamente que el Estado tiene relación en esto y sus carencias son publicitadas con muchas más luminarias que los aciertos y hechos que se resuelven.
En este desfile de protagonistas donde no suele faltar nadie, dado que un hecho delictivo se traslada de manera consanguínea, y geográfica por las facultades extraordinarias que tiene cualquier medio de “relacionar” todo aquello necesario para darle color a cualquier nota.
Es notable la cantidad de “expertos” que exponen sus teorías cuando tienen un micrófono cerca, su actuación es casi irresponsable, máxime cuando efectúan toda clase de hipótesis, descripciones, análisis y posibles consecuencias de hechos, con presagios para nada alentadores. Pero cuando se trata de referentes sociales, el tema cambia. Actores, músicos, conductores de programas, humoristas, deportistas, directores de teatro, guionistas, modelos, expertos en belleza, diseñadores, empresarios, entre otros.
No cabe duda que el tema de la inseguridad es un banquete al que nadie quiere faltar, fundamentalmente porque cumple con las exigencias hasta del paladar más exquisito.
La víctima, los damnificados, los testigos, los magistrados, los auxiliares de justicia y los días de investigación, pasan al olvido de manera sistemática después de su minuto de gloria y luego será un expediente olvidado. Pero, tendrán su segunda oportunidad cuando se cumpla el aniversario de aquel hecho que seguramente les ha marcado su vida para siempre.
Esta vez el lugar que ocuparán al pie de la primera plana sólo les servirá para volver a sufrir  cuando el periodista vuelva a hacer un “buen trabajo”, cuando logre que el desdichado narre una y otra vez los hechos hasta las lágrimas, cuando las infografías ilustren de manera casi artística y en tres dimensiones los detalles horrendos, cuando los cuadros comparativos (hechos a medida) con otros hechos, revelen que nada funciona y que todo va de mal en peor y esto sumado a expresiones de dolor, que serán reproducidas en cuadros destacados, entonces sí, será el momento, la mayor satisfacción porque el producto logró cubrir la exigencia de calidad  para que la venta esté asegurada.
“La operación de los medios es fundamentalmente una operación simbólica”; así lo expresa Germán Rey en su libro El Cuerpo del Delito (representación y narrativas mediáticas de la –in- seguridad ciudadana.).
El desafío que se plantea es determinar qué grado de participación tienen los medios en la formación de los “miedos” en la sociedad,  como un punto clave en la estrategia de mercado, basado en un bajo costo de inversión y con ganancias aseguradas a riesgo cero.
Habrá que estudiar y analizar qué grado de relación guardan aquellas informaciones relacionadas con hechos delictivos y la percepción que tiene la sociedad de sentirse indefensa y desprotegida por aquellos que deberían protegerla y de qué manera influye en la pérdida de la confianza en las instituciones, (no tan sólo los organismos judiciales) y las consecuencias negativas que se generan en relación a todas las actividades humanas.
Este estudio podría arrojar información de hecho sensible e inequívoca respecto al grado de responsabilidad que tendrían los medios en la generación de elementos que contribuyan tanto al malestar social, como a las decisiones políticas, y a la vida económica de una sociedad en su conjunto.

Hugo Díaz, Licenciado en Ciencias de la Seguridad (IUPFA), Postgrado en Capacitación Docente (IUPFA), Instructor de Formación Profesional (Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires).

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