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16/2/15

Cuento #03: La autorizacion de Papá

Sé que en su lugar debería estar Gaspar Castagnigo, o tal vez, Tomas Mc Rouillon, pero en mi vida parece que las cosas desde hace un tiempo ya no son lo que deben ser.
-    “Vas a ser una Leona!”
-    “Leona no, la capitana de las leonas, es una Luchita”,
-    ¿Pero como hará para conjugar sus estudios de Relaciones internacionales con el hockey mundial? “Ella podrá, quedate tranquila” – le respondía mi papá a mi mamá.
La historia viró ese domingo que fui al cumple de Male, compañera de ataque en Jockey Club, pensando en si con Gaspar debíamos avanzar y comenzar a formalizar la relación. La idea me entristecía.

“Hola!” – me sorprendió una voz dulce a mi espalda. Giré, un chico alegre, ojos relajados (¿se fijaron que cuanto más presionados están los hijos por los deseos paternos, el ojo se vuelve más circularmente perfecto), castaño, pero largo, una nariz simpática.
“Hola” – insistió, ¿charlamos?
“Dale, le dije, ¿de qué? – mientras pensaba que chico raro. Me habían hecho muchos chamuyos, trucos, manitos por la espalda. Disfruté la novedad.
Buscamos un lugar poco bullicioso, y comenzamos por el cine. Luego  los libros, la filosofía, hasta que después de un rato derivamos en disquisiciones acerca de las ventajas del anarquismo sobre el comunismo. Conversamos, discutimos y nos reímos sin parar, tanto que después de un rato de Gaspar ya no me acordé ni el apellido.

Me acompaño en la K, hasta mi casa de Barrio Martin. Nos sentamos en unos asientos libres al fondo “¿Que estudias?” No estudio  - me contestó. “Ah, de qué trabajas entonces”, “No trabajo , me aburre”, respondió.  “¿Y que hacés” - , pregunté seguramente con cara de espanto”,
“Leo, paseo , miro pelis, juego con mis amigos. Y soy Hacker”. 
Caminamos en silencio hasta mi casa, el trolebús me deja a unas cuadras. Llegamos,  en la puerta me miró de nuevo con esos ojos imperfectos.
-    Me gustaría verte de nuevo, sos muy linda. ¿querés?
Me sonrojé. Sé que soy linda! , claro, y me lo han dicho muchos más veces y mucho más efusivamente, pero debo reconocer que esta vez me sonrojé
-    Dale, yo también quiero.
Me beso como si hiciera una picardía y se fue contento.  “Ey! Como te llamás”, “Yo soy Mia” .
Giró. Se encogía de hombros. 
-    La próxima te digo, otra razón para volver a vernos.”
-    No me vas a pedir el teléfono – casi grité, estaba ya a más de 10 metros.


Ya lo tengo – rió, y la próxima vez desactivá el bluetooth, no es seguro dejarlo siempre encendido.
La segunda cita fue en un Minimarket. Le llevé el libro de Carpio que le había prometido en nuestras conversaciones de Materialismo diálectico  la noche anterior. Y nuestra relación comenzó a crecer. Cierto que bastante en secreto. La verdad que no era una época familiar realmente simple.  A mi papá le habían salido muy mal un par de inversiones que había hecho en unos campos,  luego de ceder ante  la insistencia de mi tío acerca de un negocio imposible de perder, y estábamos muy mal económicamente, de lo cual no tenía registro en mi familia. Mis estudios de abogacía en la Universidad Interamericana de Calle Pellegrini debieron interrumpirse, lo cual fue una tragedia familiar y un alivio para mí. Así que aproveché para disfrutar con Martín, (a esta altura ya sabía su nombre claro) , mientras esperaba unos meses en marzo para empezar la Facultad Pública y de yapa elegir de verdad que carrera tenía ganas de hacer.
El hockey ya jugaba cada vez menos, después de más de 10 años ya no tenía ganas de entrenar, a veces me colaba los domingos en algún partido hasta que cierta mirada desdeñosa  hacia mamá me quitaron los resabios de la pasión. Mi familia se desmoronaba y  a mi me daba culpa pero estaba feliz, tanto que por primera vez ya no me importó ni siquiera la celulitis.
-    Contame algo más de lo que hacés, - le pregunté a Martín, mientras cruzábamos las palmeras de Boulverad Oroño yendo por Calle Córdoba, paseábamos como turistas en nuestra atestada ciudad, un día que él estaba particularmente bien vestido.   
-     ¿Cuántas computadores pensás que hay acá?
-    ¿Acá como?
-    Acá, suponete, 50 metros a la redonda.
-    No sé. - Miré, en una esquina estaba Esencial Salud, en un edificio de 2 pisos. En la otra un local de ropa.  – ¿50, 100?
Martín  río – me parece que hay un poco más – y pasó a ilustrarme.
-    Empecemos por los equipos que cada persona carga encima. Todos tiene al menos una computadora en su bolsillo, que es su celular. Muchos tienen también su notebook, iPad, Mp4, etc. Creo que entre toda esta gente que nos cruza algunos tienen 3 computadoras encima.
Debe haber unas mil personas circulando en el radio que definimos, - continuó entusiasmado y me hizo acordar al protagonista de “El hombre que calculababa”, un entretenido libro acerca de un matemático persa que viaja a Bagdad que Martín me había hecho leer.
-    Ahora pensá en los autos, me dijo siguiendo con la vista un A4.
¿Qué tengo que pensar en los autos? – me pregunté.
-    Cada auto tiene al menos una computadora centra, central, además de múltiples procesadores de otros subsistemas . Hoy por hoy, todos los autos son como El Auto Fantástico, una Computadora con ruedas.
- Acá  puede haber unos cien autos – continuó - , pero si nos tomamos la atribución en nuestro ejercicio mental de extender la variable tiempo, sin necesidad de movernos físicamente, tenemos ya otros miles de computadoras más.
Yo trataba de seguirlo, y el me seguí tirando numeritos.
-    Entre mil personas también es posible hallar alguno que  tenga un marcapasos digital, o por qué no un páncreas artificial o bombas de insulina.
-    ¿Bombas de Insulina, Pancreas artifical? ¿Todo eso existe?
-    Claro Mia  - me miró como una maestra de jardín a su alumno más tierno.
Las bombas de Insulina evitan las inyecciones, los marcapasos digitales son un gran avance para evitar paros cardíacos porque realizan controles rutinarios y hasta le envían informes al médico por Internet. En algunos años, yo creo que será normal tener unas 10 computadores funcionando en nuestro cuerpo.
Yo estaba sorprendida, y me imaginaba circuitos electrónicos por todo mi cuerpo. ¿Para cuando un chip que regenere colágeno de inmediato?
-    Así que teniendo en cuenta todos estos factores, más los negocios y empresas a nuestro alrededor, semáforos, y ajustándonos tan sólo a 1 minuto de tiempo parados en este mismo lugar, yo creo que vimos pasar unos 10.000 computadoras, aquí en Oroño y Córdoba.
-    Aja, sorprendente! – sos rápido para los números.  ¿Y mi pregunta?
-    Mia, 10.000 computadoras. Con Wifi, o bluetooth, conectividad a Internet, o conectividad por Radiofrecuencia, o lo que sea .  10.000 computadoras, todos con sistemas hackeables.
-    ¿Todo sistema son hackeables? – me asusté
-    Sí, todo sistema es hackeable, lo que varía es el tiempo. Algunos puede llevarte unos 5 segundos, otros días o horas. Pero yo creo que sí. Si querés analizarlo desde un punto de vista filosófico, los programas los hacen personas, las personas son imperfectas, la creación que surge de algo imperfecto   podría decir Santo Tomás no puede ser perfecta, por lo tanto el sistema no hackeable no existe (“el guacho había leído mi libro de Carpio!”)
-    ¿Entonces? ¿Entonces? Un hacker puede modificar el funcionamiento de un dispositivo que cuida la salud de nuestro cuerpo.
-    Sí, claro! El Jean Reno del futuro no necesitará armas para proteger a la nenita que hacia Natalie Portman ( puta, pensé – ahora me sale con Jean Reno. Otra cosa a googlear cuando llegue a casa)   El asesino del futuro podría estar tomando un café en un bar, y anular un marcapasos digital,  o generar un asesinato por un shock de insulina, o provocar un choque que será endilgado a un conductor imprudente que hablaba por su celular.
-    ¿Y vos estudias para todo eso?
-    No sé si la palabra es estudiar, yo investigo, me divierto.
-    Me haces acordar al personaje de “Todo lo que sé lo aprendí en el jardín de infantes” (Ja, esta vez lo agarré yo a él)
-    ¿En el jardín de infantes? Sí puede ser,  si no se juega no se aprende, por eso me aburre la facultad. Allí todo es demasiado serio para que mis sinapsis neuronales se generen.
-    De alguna forma vos dominás la tecnología del futuro.
-    Sí  -dudó - , del presente y del futuro cercano. ¿No viste Armaggedon?
(otra que no vi! ¿Qué hacia yo de mi vida cuando este tipo miraba películas?)
Un día ya la vamos a ver, es una linda historia de Amor dentro de un colapso por un asteroide que va a estrellarse con la tierra. Ahí el personaje de Bruce Willis explica que el futuro no está ni en la científicos, ni en los eruditos. En una catástrofe, los que van a salvar los mundos son los plomeros y gasistas. Por eso yo estoy haciendo ahora cursos de esos temas. Hay que estar preparados.
Vamos a tu casa – cambió de tema rápidamente. Tengo que hablar con tu papá.
¿Martín con Papá? Paré un taxi de inmediato. ¿Le iba a pedir mi mano? No me disgustaba la idea de pasar mi vida con él, aunque claro todo era demasiado pronto. De todas formas, ese no era el estilo de mi nuevo chico, así que tuve que contener la ansiedad ya que no soltó palabra alguna.
-    Señor, quisiera hablar con usted.  Soy un amigo de su hija.
-    A ver querido, sentate. ¿En que te puedo ayudar? – Mi papá sonó incluso cálido. Los fracasos te hacen más humanos y destruyen tus prejuicios.
-    No necesito nada, gracias. – Martín estaba tan ansiosos que ni siquiera llegó a sentarse. Sólo le quería avisar… que ya no tiene más deudas.
-    ¿Quéeee?
Martin se echo hacia atrás al escuchar el grito.  - Que  ya no tiene más deudas. Soy hacker.  Mía me dijo que usted estaba muy preocupado, le eliminé de los registros esas deudas que tanto le asfixiaban.  No fue algo complicado. Ya es un hombre libre nuevamente.
-    ¿Pero vos  quien te crees que sos para saber si soy libre? – nunca había visto a mi papá tan enrojecido y temí que le diera un ataque de presión.  Sos un delincuente, un estafador. Salí de mi casa, y vos hija no ves nunca más en la vida a este vago de mierda y drogadicto. Te lo prohíbo.
Prácticamente lo echó a patadas. Yo fui a mi cuarto llorar, mi mamá que conocía la relación se fue al suyo a hacer lo mismo, y mi isla de plenitud se hundió increíblemente de un segundo para otro.
Las siguientes semanas fueron para mí de las peores. Con Martín no nos vimos, y apenas intercambiamos mensajes de texto. En casa no quería ni estar, los lugares antiguos ya no me pertenecían, y ni siquiera tenía el estudio para ocupar el tiempo.  Mis amigas me sacaban a pasear y con ellas me aburría.  Gaspar me llamaba para invitarme nuevamente a salir, le dije que no una y otra vez.  Pasé el tiempo terminando “Miles de Millones”, y “El pulgar del panda”, los últimos libros que había intercambiado con Martín, porque sino me la pasaba horas mirándome al espejo, como si todo fuera poco se venía el verano y mi celulitis avanzaba  más rápido que el stress.
Septiembre fue más triste todavía. Era ekoparty, que es la feria más importante de seguridad informática, y Martin me había prometido invitarme y quedarnos una semana en Buenos Aires.  Las conferencias la verdad no me importaban mucho, pero era un viaje que quería compartir con él, había miles de actividades  que pensaba hacer. Ya tenía incluso los hostels de Palermo preseleccionados.
En Octubre ya había descartado Abogacía por completo, y el espectro se reducía a Veterinaria, Periodismo o Filosofia.   Desheché una vez más las propuesta de los Castagnino para trabajar en sus empresas familiares, y conseguí trabajo en Flora, de moza, en el rio. Trabajaba mucho, ganaba poco,  y con una compañera que era muy pata nos intercambiamos mesas cuando alguno de los conocidos que quería evitar iban al restobar.  Hasta que me cansé , porque los murmullos los sentía igual, y me di cuenta que cuando los servía a ellos mirándolos de frente se incomodaban más que yo, porque  los chimentos perdían su gracia, y yo me reia de su creída grandilocuencia de importancia rosarina.
Lo bueno que estaba al aire libre, y con el dinero me pude anotar en el gymnasio que está ahí a unos metros. Privilegios de la ciudad, saltar y hacer spinning mirando al Paraná.  Y hasta en casa las cosas iban mejor, mi hermanito ya no se encerraba en su pieza a jugar a la wii sin parar, mi  mamá disfrutaba su nuevo habito de cocinar en el que mejoraba bastante, tanto que estaba pensando en ponerse un emprendimiento , y mi papá inclusive fumaba menos y hasta hacia chistes y reía.
Me faltaba Martin, me sentía más linda, más libre, y tenia ganas de verlo, y noviembre me despertó con un sms de  él “Hola! Pronto nos vemos, tengo noticias para contarte. Te extraño”,  Yo también lo extrañaba!, y ese día en el bar se ve que estaba radiante porque recibí el doble de propinas que siempre.
Al salir me di un gusto y me compré unas cremas buenísimas para el cuerpo que tanto deseaba. La ropa de marca, en la que tanto dinero había despilfarrado desde hace años ya no me importaba, ahora buscaba diseñadores independientes en las ferias o negocios de Funes, pero la piel es la piel!
Llegué a casa casi a las 21. En la mesa, Papá y Martin charlaban y hacían chistes como viejos amigos. Me estremecí , - Hola, Martin, ¿qué haces acá? Papa, ¿estás bien?
-    Hola hijita, - mi papá me explicaba mientras pasaba su brazo por el hombre derecho de Martin. Debo reconocer que ese dia de furia me porté algo mal con tu novio (¿novio? Ni yo había usado esa palabra) Unos días más tarde lo llamé para pedirle disculpas, y asi conversando y conociéndonos, me explicó un poco mejor como habían sido las cosas. Comunicándose por fortuna se entiende la gente hijita, y llegamos a un acuerdo.
Martin miraba avergonzado para abajo.  ¿Acuerdo?, no me contaron nada, y yo sufriendo y llorando. Estaba enojadísima.
Papa continuó
-    Sí hijita, perdón por no haberte contado antes. Vos sabés que yo honro mis deudas, soy un hombre de palabras. Así que con Martincito decidimos hacer algunos ajustes al trabajo original que él había realizado.  Tu novio me quitó todos los intereses de las deudas, que ya habían duplicado su valor original, y me otorgó gentilmente un periodo de gracia para poder pagar todo, cosa que estoy empezando a hacer.
Yo anodada, Martin relojeaba para ver que pensaba de toda la situación, mamá sonreía mientras traia bizcochitos caseros.
-    Digamos que técnicamente no fue un delito, sino simplemente una ayuda, que el sistema capitalista no me quiso otorgar.  Digamos que usamos el sistema a nuestro favor.
-    Mia, - continuaba papá mirándolo con orgullo - Martincito es un gran chico, si no es inconveniente , me gustaría invitarlo hoy a cenar.
-    Veni para acá, le ordené  -  lo llevé a mi cuarto y cerré la puerta con llave.
-    Perdoname, lo hice todo porque te quiero y porque quiero verte bien. No te podía contar y además no veía la hora de verte y además estás más hermosa que nunca y …
Lo interrumpí y le partí la boca de un beso. Se quedó tieso
-    Vamos a comer bombón, después charlamos.
La cena fue muy agradable, Mamá cocinó unas empanadas de carne riquísimas, que por primera vez le salieron jugosas.  Papá me hacia bromas del futuro, y Martin y mi hermano hablaban de los trucos del GTA.
Hoy ya pasó el tiempo.  Mamá cocina viandas todo el día, que vende en locales y empresas. Esta practicando repostería y pensando en poner un local a la calle.
Papá retomó un sueño que tenia y armó su oficina de Asesoria en Inversiones. Le va bastante bien.  Claro, tiene un asesor secreto, un gurú financiero que sin trajes ni oficina le trae cada tanto algunos secretos, cuya fuente claro no puede revelar
Yo me quedé con el trabajo de moza solo los fines de semana, estudio lo que me gusta, busco trabajo de eso y sé que pronto ya lo voy a encontrar. Y tengo un novio que se llama Martin. No estudia, no trabaja, terminó ahoras unos cursos de soldaduria y dice que es hacker.  Estamos organizando el viaje para ekoparty ahora en septiembre. Voy a reservar con tiempo. Hay un par de hostels buenísimos sobre calle Charcas que no me quiero perder.
La semana pasada mi novio me invitó al Village. Fuimos a ver Armageddon, a una función de trasnoche. Me la pasé llorando media película. Me gustan las historias de amor.
¿Qué en el Village no pasan películas de hace 15 años atrás?  ¿No lo sabían? El Village tiene un sofisticado sistema de proyección digital. Y recuerden, todo sistema informático es hackeable.
Eso sí, difícil escoger asiento cuando el cine es todo para vos.


Epílogo

Mia guardó el archivo. Lo cerró y lo cifró con su clave privada de 128 bits. Tipeò su passphrase de 30 caracteres. Guardo todo en su memoria USB segura, que guardó en su mesita de luz.
Eliminó y purgó definitivamente el archivo.  Se trajo un café,  e inventó y tipeó en su PC rápidamente una historia familiar. Armó la Carátula.
“Redacción Periodistica II.  Cronica Familiar en Primera Persona. Instituto ISET N 18. 2do año”.
Lo imprimió para entregarlo, se puso unas gotas de su Burberry,  y se tomó la K para ir a cursar. A la noche, salida con Martín. Con la autorización de Papá.



Autor: Autor Ezequiel Rapoport, Channel Manager en Infobyte

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