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9/2/15

La segunda vida de las #fortalezas alpinas

Las que en su momento fueron gigantescas fortalezas de los Alpes suizos están militarmente desfasadas, pero su mito perdura. Los búnqueres secretos, antes celosamente custodiados, se convertirán ahora en parques temáticos.

http://www.revue.ch/es/ediciones/2015/01/detail/news/detail/News/la-segunda-vida-de-las-fortalezas-alpinas

Un idílico camino forestal al pie del Harder, la montaña local de Interlaken en el Oberland bernés. Algo apartado del camino hay, pegado a la roca, un edificio revestido de madera estilo cabaña de troncos con una enorme puerta: quizá un cobertizo para los trabajadores forestales, para guardar las herramientas. A la entrada, en este lluvioso domingo de abril de 2014, hay unas veinte personas, entre ellas un ex Jefe de Estado Mayor del ejército suizo, que entretanto tiene ya 84 años. Por primera vez, un amplio sector de la población puede echar una ojeada y ver qué se esconde tras el edificio revestido de madera. Claro que no es un cobertizo para guardar herramientas sino una fortaleza militar hasta hace poco totalmente secreta. En la Segunda Guerra Mundial estaba aquí el búnquer a prueba de bombas del Estado Mayor del ejército suizo, hendido en la montaña a gran profundidad. Hasta los años 90 del siglo pasado, el llamado Goldey-Stollen sirvió de capitanía general e importante vínculo con todos los grandes gremios del ejército y con el Consejo Federal. El General Henri Guisan tenía su destacamento de emergencia separado y protegido, a pocos km de allí.

Cuartel general en Interlaken

Interlaken, imán turístico desde hace siglos, también fue durante mucho tiempo un punto militar clave. Su situación geográfica, en el centro de Suiza, blindado por el lago de Thun y el de Brienz y rodeado por altas montañas, le predestinó a ser sede del cuartel general del ejército entre 1941 y 1944. En las montañas de los alrededores de Interlaken todavía hay innumerables galerías de túneles, destacamentos, depósitos subterráneos de municiones y carburante, búnqueres de infantería y fortalezas de artillería. Todos los accesos a Interlaken, por agua, tierra y aire, habrían podido ser bombardeados en caso de guerra desde grandes fortalezas. Eran los tiempos del “Réduit” o “reducto”, el repliegue de grandes partes del ejército en el centro de los Alpes. El “reducto” debía intimidar y, en caso de una incursión militar, los agresores deberían enredarse en penosas luchas.
Por suerte, Suiza nunca tuvo que demostrar que el ejército atrincherado en las montañas también puede defender el país con éxito. No hay unanimidad entre los historiadores en cuanto al sentido del “reducto”, pero el mito de las inexpugnables fortalezas alpinas sigue grabado en la conciencia colectiva helvética.

Gigantesco laberinto de cuevas

Aun así, de las que antaño fueron imponentes fortalezas alpinas no queda mucho más que el mito. En 1995 se dejó de utilizar la mayoría de las fortalezas; las restantes, excepto algunas que siguen siendo búnqueres secretos de la cúpula del ejército, les seguirán pronto. Tras el final de la guerra fría, y por razones financieras y estratégicas, se abandonó el laberinto de túneles militares, gigantescos en sus “mejores tiempos”: un total de unas 26.000 unidades de distinto tamaño. Las fortalezas con cañones fijos y otras armas estaban repartidas por toda la serranía. Como regla general, allá donde se levantara una cordillera había o hay un submundo militar. Muchas fortalezas eran autárquicas, no sólo estaban equipadas con armas sino que además su infraestructura permitía sobrevivir mucho tiempo a gran profundidad dentro de la montaña. Disponían de su propio abastecimiento energético, dormitorios, restaurantes, salas de estar, cocinas, panaderías y hospitales. Además, las fortalezas construidas tras la Segunda Guerra Mundial eran a prueba de bombas atómicas.
Con los proyectos de reforma “Armee 95” (Ejército 95) y “Armee XXI” (Ejército XXI) muchas fortalezas resultaron superfluas . Hubo que hacer un inventario. Silvio Keller, ex jefe de proyecto de monumentos militares en el Departamento de Defensa, describe el proceso: “Tuvimos que clasificarlas y decidir qué fortalezas eran importantes a nivel nacional, regional o local, cuáles deberían mantenerse y cuáles deberían ser demolidas o en todo caso vendidas”. Y efectivamente, ahora muchas asociaciones y fundaciones privadas compran estas cavernas en cualquier parte de Suiza y las abren al público.

Originales mundos de experiencias

Estas cuevas no utilizadas son cuidadosamente restauradas y equipadas con fieles reproducciones de objetos militares – una atracción turística adicional. Así pues, en el futuro uno no sólo escalará montañas en Suiza sino que, cada vez más a menudo, podrá introducirse en ellas. “Una experiencia para jóvenes y viejos: visiten este interesante búnquer en la bahía Beaten del lago de Thun”, se lee por ejemplo en el folleto desplegable de un búnquer de infantería. La fortaleza de St. Maurice, en el Valais, ofrece una “visita histórica”. Allí se puede descubrir “el apogeo de la historia de las fortalezas suizas, de 1911 a 1995, y conocer la vida de las guarniciones”. Por su parte, la fundación “Schwyzer Festungswerke” (Fundación para las Fortalezas de Schwyz) pondera las cualidades del cuartel general subterráneo “impecablemente conservado” de Selgis, en el valle del Muota, que se puede visitar todo el año y es accesible en silla de ruedas. Naturalmente, se hacen visitas guiadas y se pueden organizar aperitivos o cenas en la fortaleza. Lo que una vez fue secreto absoluto se va convirtiendo en parques temáticos subterráneos.

El Gotardo: el núcleo

Este concepto ya ha sido aplicado consecuentemente en la fortaleza Sasso, de San Gotardo, que, según la publicidad, ofrece “una experiencia inolvidable”. La entrada, una discreta puerta, está algo apartada de la carretera del puerto de montaña, en el hospicio del Gotardo. Para visitar el laberinto militar de cuevas se aconseja abrigarse, incluso en verano. Atravesando húmedas y algo opresivas galerías, uno puede constatar que está en una cueva extraordinaria. Se trata de la mayor fortaleza de Suiza. Pasillos quilométricos unen cavernas tan altas que no sólo albergaban toneladas de municiones, sino además víveres, agua y otros productos de primera necesidad para abastecer a varios cientos de soldados durante meses.
Tras unos diez minutos de marcha a pie se llega a un funicular subterráneo, un antiguo montacargas para municiones, donde los turistas son recibidos por un soldado viviente con el uniforme de las tropas de la fortaleza, que lleva a los invitados en un trenecito para municiones. Ahí empieza la aventura: el trenecito va avanzando y ascendiendo en el interior de la montaña. Una vez llegado a la parte superior, uno se encuentra pronto en una cafetería donde también se venden souvenirs. Es el momento de decidir, con una copa de vino de la fortaleza en mano, si se quiere visitar primero la parte militar de la fortificación o bien se prefiere ir directamente a la exposición multimedia.
En la parte militar se pueden ver, además de una película, alojamientos para las tropas, el cuartel general y las centralitas telefónicas, así como piezas de artillería. Nos encontramos en una fortificación mantenida en el más absoluto secreto hasta los años 90. Desvelar la ubicación de tales fortalezas se consideraba alta traición, un delito castigado con la pena de muerte durante la Segunda Guerra Mundial. En aquella época también se escondió en esta fortificación una gran parte de las reservas de oro de Suiza. Una galería conduce a una plataforma exterior recién construida para los visitantes, donde se pueden contemplar las montañas desde una perspectiva muy particular y justamente al lado de un cañón que tiene unos cuatro metros de longitud.
La parte no militar de la fortaleza Sasso San Gottardo comprende un parque temático multimedia. Donde antes cientos de soldados estaban de servicio, hay una exposición permanente sobre el agua, el tiempo y el clima, la energía, la seguridad y el hábitat, así como sobre nuestra utilización de las reservas naturales. El Gotardo como el arca de agua de Europa y línea divisoria de aguas es uno de los temas principales, para el cual se dispone como material visual sobre el cambio climático de un pequeño glaciar subterráneo, y en la principal encrucijada europea norte-sur se tematiza naturalmente también el tráfico en continuo aumento.

Spa en lugar de cañones

No lejos de Sasso San Gottardo, en la parte tesinesa del puerto de montaña, se encuentra la antigua fortaleza de artillería San Carlo, a 2000 metros de altitud, reconvertida en 2004 en el albergue mejor protegido del país: la antigua fortaleza es ahora un hotel de cuatro estrellas y un spa llamado “La Claustra” – poco recomendable para claustrofóbicos. En la publicidad se dice: “Quien se aloja en este hotel puede sentirlo, olerlo y oírlo: aquí nos encontramos en una cueva, más exactamente en un búnquer de artillería en desuso situado en el Gotardo. Ahora se pueden organizar aquí seminarios y retiros, sumergiéndose en un mundo subterráneo y en la protección que ofrece”.
Y el hotel ofrece muchas cosas: Además de salas de estar, habitaciones elegantemente decoradas, con agua corriente de cinco fuentes propias, también hay un restaurante, además de un baño de vapor y una cueva acuática. Y según dice Rainer Geissmann: “Seguimos invirtiendo”. Este empresario de Liechtenstein compró la fortaleza en 2012 y trabaja con gran empeño para realizar todos sus planes. Según Geissmann, en el invierno de 2014-2015 “se incorporarán dos suites exclusivas y una sauna finlandesa”. Ya la transformación de la fortaleza costó entre 1999 y 2004 ocho millones de francos y nunca se pudo lograr cubrir los gastos.
También el nuevo propietario afirma que todavía no es altamente rentable, pero asegura que la situación va mejorando, y añade que, al fin y al cabo “este es un hotel único en el mundo entero”. El interés va en aumento: la revista de viajes “Geo Saison” ha incluído a “La Claustra” en la lista de los cien hoteles más hermosos de Europa. También se suceden los canales televisivos del mundo entero. En noviembre de 2014, poco antes de la pausa invernal, estuvo también en el Gotardo un equipo de la televisión estatal rusa para producir una emisión de 45 minutos de duración.

Nueva definición del concepto de protección

El antiguo búnquer gubernamental de Amsteg, al norte del Gotardo, no ha sido reconvertido en un spa ni en un establecimiento dedicado a la gastronomía. Su misión sigue siendo la seguridad. Allí donde en su día se construyó en la roca una casa de madera de dos pisos, algo parecido a un entorno civil para las principales autoridades del país en caso de guerra, donde cabían entre otros 123 automóviles y 13 camiones, ahora hay un negocio que valora la discreción como antes lo hacían los militares: la Swiss Data Safe AG y la Swiss Gold Safe AG.
La Swiss Data Safe ofrece, según su publicidad, “a una clientela nacional e internacional amplios servicios de seguridad y protección en fortalezas construidas en la roca”. En los búnqueres se almacenan “sistemas de TI, datos, actas y archivos, títulos de valores y objetos artísticos y culturales”. Afirma su publicidad que la infraestructura en los Alpes suizos es más segura que en un banco, ya que las medidas de seguridad “superan las de las directrices de los bancos” en cuanto a sistemas de cierre, control de acceso, supervisión y protección contra incendios.
La segunda empresa, Swiss Gold Safe, alquila consignas “también para no suizos, para guardar objetos de valor como documentos, joyas, metales preciosos (sin necesidad de abrir una cuenta en un banco) en uno de los mejores centros privados del mundo de alta segurid”. ¿Por qué en Suiza? En la página web de la empresa se lee que Suiza “es uno de los países política y económicamente más estables del mundo, con una larga tradición de protección de la propiedad privada”. Así que las antiguas fortalezas ya no sirven para proteger al pueblo y al Estado, sino los bienes.
En esos lugares hay tanto pequeños y modestos museos dirigidos por los lugareños nostálgicos, crías de champiñones en húmedos hoyos frescos, además de parques temáticos y museos altamente profesionales, y no falta hostelería muy especial o búnqueres de alta seguridad: no hay límites para la fantasía. La segunda vida del antiguo laberinto militar de túneles, fortalezas y búnqeres antes absolutamente secretos acaba de comenzar.

Jürg Müller es redactor de “panorama suizo”

Importancia en la guerra

Junto con la fortaleza de Saint-Maurice en el oeste de Suiza y la de Sargans en el este, la zona de fortalezas del Gotardo era el núcleo del dispositivo de defensa del “reducto” durante la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría. El General Henri Guisan aseguró lo siguiente en su informe sobre el servicio activo entre 1939 y 1945, refiriéndose a la importancia de las fortalezas: “Estoy convencido de que, a partir de 1943 aproximadamente, nuestras fortalezas jugaron un papel importante en los planes de los alemanes y es probable que contribuyeran considerablemente a evitar un ataque a Suiza. Por eso hemos amortizado en buena medida los gastos de construcción de las mismas”.

Fuente: http://www.revue.ch/es/ediciones/2015/01/detail/news/detail/News/la-segunda-vida-de-las-fortalezas-alpinas

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