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16/3/15

Cuento #04: El verdadero Cloud Computing

Siempre he llegado tarde a las innovaciones y cambios tecnológicos, a veces me pregunto si es suerte, boicot personal, o tal vez falta de inteligencia emocional.

El rastro me lleva hacia el año 1997.
Unos amigos me insistieron en asociarme para el desarrollo de una nueva “punto-com”. Me hablaban de revolución cultural, de stock options, de rondas de inversiones millonarias. Yo era un joven egresado la carrera de sistemas de ORT, con un auspicioso presente como coordinador de programación, y como me aseguraban mis líderes de proyecto, un brillante porvenir. 
Estaba enfrascado en las bondades de los cambios de los programas informáticos del año 2000, los sueldos subían hasta niveles inimaginables para mí, tan joven y ya casi igualaba los ingresos de mi papá.

Pero lo fundamental, era que mi novia desde la adolescencia, el amor de mi vida, había quedado embarazada semanas atrás. Y la previsibilidad de cobrar la primera semana de cada mes era determinante para mí.
Les agradecí la oportunidad. Además, sinceramente no creía en la sustentabilidad del proyecto ni en las habilidades de mis compañeros, pibes que a duras penas habían conseguido sus títulos. No disponían de mis conocimientos técnicos, y habían demorado semanas por ejemplo en entender ese principio programático de máxima cohesión y mínimo acoplamiento.
A los pocos meses mis amigos cerraron trato con el fondo de Inversión del Citibank, por 20 millones de dólares.

Habían recibido anteriormente una ronda de inversión de un millón de dólares para su primer crecimiento, y el cumplimiento de metas les posibilitó este jugoso segundo acuerdo, donde por fin abandonaban el galpón donde estaban hacinados, para pasar a unas cómodas oficinas en calle Florida.
Yo mientras tanto continuaba mis planes y ya ascendía a Jefe de Proyectos. Adriancito – mi hermoso bebé - gateaba, y la compañía holandesa que había radicado su filial en Argentina para expandirse  tenía excelentes perspectivas para el futuro. Así que me esforzaba al máximo para no defraudarlos.
Karina - la mamá de Adrián - las primeras veces me esperaba orgullosa con café con leche calentito para merendar. Con el tiempo y debido a mis tardías llegadas de la oficina el café ya estaba frío y me preparaba entonces unas milanesas napolitanas con mucho queso derretido como a mí me gusta. Tiempo después ya me dejaba unas empanadas compradas frías y baratas en el horno, y finalmente Karina decidió que el mejor recibimiento eran unas valijas armadas y la cara de piedra de mi suegra que me pedía que me aleje "por un tiempo para reflexionar"


Al menos me habían ascendido a gerente de desarrollo. Eso compensaba en algo el dolor de la separación, y de no poder ver los avances diarios de Adrián en el desarrollo de su vocabulario. Por fortuna estaba en condiciones de darle a mi ex-mujer, los gastos que requería la manutención de nuestro hijo y de las 2 casas que ahora debía sostener.
Mis compañeros punto-com salían en tapas de revista, y una tarde de Abril me invitaron a tomar un café. Mira Gaby - me decían - , estamos por abrir nuestra oficina en Brasil, ¿querés hacerte cargo? Necesitamos alguien de confianza. Yo les agradecí nuevamente, ¿estar tan lejos de mi primogénito? ¿Manejarme con gente de otro idioma y cultura? “No gracias chicos, eso no es para mí. Igual como siempre les deseo lo mejor”.
A los meses la filial Brasil era la más próspera de la compañía, tanto que tenia la mejor infraestructura en un sector exclusivo de calle Jucelino Kubichek en San Pablo, y era la favorita de los inversores, que apostaban imitar su crecimiento en Chile y Uruguay.
Yo proseguía mi camino. Sabía que no era el más audaz, pero crecía paso a paso y comprendía que había decisiones sabias tal vez en el presente no parecían ser las mejores, pero que el futuro seguramente me las premiaría.  Así de contento fui esa mañana estrenando mi nuevo look a la compañía, cuando esta vez me encontré nuevamente con una puerta sellada. No era mi suegra, sino un holandés grandote y sonriente, quien en un reducido español nos explicaba que la empresa cerraba sus puertas, que no había logrado insertarse en el mercado argentino como confiaban, que me agradecían enormemente mis servicios y que en el banco dispondría en el transcurso del día el dinero de la indemnización,  después de firmar unos simples papeles. ¿Puedo retirar al menos unos archivos de mi PC, fue lo único que atiné a preguntar? “Sorry” - , me dijo con su inalterable sonrisa señalando unas cajas embaladas. "All to Holland".
Así que dejé todos mis ahorros en el banco, y esta vez llamé yo a mis exitosos amigos .com, quienes con gusto me recibieron en su ahora lujosa oficina de Puerto Madero.
- Claro, Gaby, siempre tenemos lugar para vos, los puestos buenos ahora están lamentablemente todos ocupados y las cosas ya no van tan bien como antes, pero hay una posibilidad de Coordinador Tecnológico en nuestra oficina en Miami que tal vez te venga bien. La oficina es más que nada simbólica y sirve más que nada  para darnos prestigio - me explicaban, - pero podés asesorar al chico que está a cargo en ciertas reuniones que está teniendo. Te damos alojamiento y ciertos viáticos, y te puede venir bien para abrirte otras puntas allá.
Corría el año 2001, la situación era caótica en Argentina,  Adriancito estaba por cumplir ya 4 años. Karina se había puesto de novia con un comerciante que tenia varios locales en Once, y ni se inmutó cuando le dije que tal vez por un tiempo debería bajar los fondos que le asignaba. “No te preocupes“ - , se adelantó sin dejarme terminar, “no me des nada, con Carlos ya tengo todas las necesidades cubiertas”
"Puta" – Pensé.  “Ok Kari” - le dije.
Se habían mudado a una casona en Palermo, y la verdad que creo que para escaparme y  no enfrentar el dolor me tomé el avión a Miami, esperando rearmarme y estar de regreso para cuando mi chiquito empezara primer grado.
En USA las cosas comenzaron a mejorar, el trabajo me demandaba muy poco tiempo, así que aproveché para tender nuevas redes de contactos. Yo ya andaba cercano a los 30, y los fracasos, o como los llamaba yo, las "experiencias fructíferas truncadas prematuramente sin mi propio consentimiento “, me habían brindado una sabiduría, la cual no todos podían jactarse tener.
En la punto-com las cosas no marchaban bien. Se esfumaban los últimos millones de los 70 que se habían recibido en la tercera ronda de inversión, con el objetivo de llegar por fin al ansiado “break even”.  El break-even consumía horas y horas de charla, gráficos y predicciones en las reuniones  de Directorio (que en las punto-com se no se llamaban directorio sino headquarters), pero nadie sabía como alcanzar ese ansiado día donde simplemente entrara más dinero del que salía. Mientras tanto Carlos no tenía ese inconveniente, se ve que sus locales eran inmunes a la economía Argentina y sin precisar fondos de inversión, Adriancito era el único nene del prescolar que tenia notebook y Palm Pilot.
Yo me peleé con Karina en una de las visitas, le expliqué que no era necesario que nuestro pequeño tuviera tantas cosas y ella se quedó callada hasta que me escupió que lo que me molestaba era que "no se la regalaste a vos, pedazo de imbécil" (en realidad no  dijo esto último, pero hizo la típica pausa que solía hacer antes de ese insulto), y "que era tan nabo que vivía en Miami  (eso de nabo sí lo dijo) y tu hijo que con cinco años ya no sabe cual es su verdadero papá y encima de todo tiene una Palm Pilot más potente que vos."
Eso había dolido, así que regresé rápido a Miami.  Me encontraba a punto de cerrar el desarrollo de un sistema informático para Alachua County. Los counties son condados, Alachua es un county pequeño con una población menor a 250.000 habitantes. Un amigo radicado hace algunos años  me había derivado el contacto, y descubrí que estos condados eran un segmento muy bueno para el desarrollo informático. Despreciados por las grandes y medianas empresas, no disponían de proveedores de calidad para sus exiguos presupuestos. Pero eso no me molestaba, yo tiempo tenía, y tranquilamente podía ser simultáneamente CEO, Líder de Proyecto y Programador.
Así que aquella conferencia del viernes a la tarde no fue por suerte tan terrible.
“Gaby, cerramos la oficina de Brasil, Chile y obviamente Miami. Nos quedamos sólo en Argentina. Y nos desprenderemos esta vez del 80 % de la plantilla. Lamentablemente no podemos seguir pagándote." Yo estaba en negro, eran amigos, y aunque mi indemnización holandesa bastante exigua por las leyes de flexibilización laboral del gobierno de Menem se las había llevado tiempo atrás el corralito, no quise presionar ni exigir, y me centré en mi futuro.
No es que quiera ser presuntuoso, pero debo reconocer que soy bueno programando. Y descubrí que también tenia veta para los negocios. Los Counties me fueron  recomendando unos a otros, y los proyectos crecían sin parar, yo ya no daba abasto solo, y evaluaba cual era el siguiente paso para progresar.
En Argentina Karina mientras tanto se había separado de Carlos, o Carlos de Karina me imagino que habrá sido en realidad, y yo nuevamente tenía dos hogares que mantener.
Regresé de visita y asistí emocionado al juramento de Adriancito en el Monumento a la Bandera, y de paso aproveché la visita. Me animé finalmente a pegar el salto y me alquilé una linda casita en Rosario para convertir en oficinas, ubicada en calle Mitre, que me gustaba porque estaba cerca del centro y cerca del río. La ciudad era ideal.  Exigentes facultades públicas de Informática como la UTN y la UNR o el Poli, que educaban a buenos pibes "del interior", es decir de Cañada, San Genaro, Tostado, y muchos otros pueblos de Santa Fe, que serían excelentes talentos para mi empresa. Además con costos que era imposible conseguir en Buenos Aires.
Mientras tanto, unos amigos acababan de invertir en una empresa pionera en cloud computing, es decir "La Nube", donde todos los usuarios podrían usar internet como repositorio de sus álbumes de fotos digitales y compartirlos. Me ofrecieron participar del desarrollo y ser accionista, yo les agradecí pero les expliqué que no creía en la factibilidad del proyecto.
Intentaron a toda costa convencerme. Argumentaban que la gente guardaba sus primeras fotos escaneadas en diskettes, pero las disqueteras se extinguían y los campos magnéticos se  estropeaban. Que luego usaron zip drives, esos aparatitos externos donde se almacenaba información hasta 100 mega por unidad, pero que ahora sus antiguos usuarios tenían los discos zip tirados y no sabían donde colocarlos para leerlos. Y que algún día las computadoras vendrían sin CD , y no tendrían manera de abrir sus recuerdos.
Yo les explique eso sería imposible, y que adicionalmente Internet no estaba preparada para eso ni para el resto de los proyectos de “la nube” o “cloud computing”, que me contaban. Tanto por la inseguridad, como por temas culturales. ¿Ustedes creen – les explicaba - que alguien será capaz de poner todos sus mails, todas sus fotos, y mucho menos sus documentos en Internet? ¿Que alguien un día contará públicamente quienes son todos sus amigos? ¿O que una empresa podría compartir su bien más preciado, es decir la información, en servidores ajenos, los cuales ni siquiera sabe en que país se encuentran? La gente es muy reservada, las empresas precavidas, y todos prefieren mantener sus datos  confiables y seguros en forma local.
Les agradecí, y proseguí mi camino.
Fueron 3 años espectaculares. Pase de counties pequeños a medianos y grandes. Nos contrataron otros organismos públicos, como el departamento de Salud de Florida. Yo me la pasaba triangulando Florida - Buenos Aires – Rosario. La tercerización en Rosario me permitía competir con proveedores que alojaban su centro de desarrollo en India, y el negocio cada vez daba más frutos. Por primera vez en años el dinero ya no era problema para mí, me sentía orgulloso de la imagen que le daba a mi hijo aunque no podía verlo tanto como quería, y tengo que reconocer que hasta Karina, que ya no era la chica de cuerpo espectacular de tiempo atrás, me miraba con cierto orgullo, especialmente aquella vez que le obsequié un tratamiento de ultracavitación en el mejor centro estético de Buenos Aires.
Y yo no me terminaba de decidir. ¿Me convenía radicarme definitivamente en Miami y contratar un gerente de desarrollo rosarino que me permitiera desentenderme de las cuestiones técnicas?, ¿o era mejor colocar a alguien local al frente de lo comercial, y mantenerme cerca de Adrián en Argentina gerenciando la construcción del software?  Ese era mi dilema hasta que..
Hasta que ...Freddie y Mannie se entrometieron en mi camino.
La verdad fue algo inesperado, es decir, los pronósticos de una crisis financiera de tal magnitud existían hace tiempo, pero nadie creía que realmente algún día sucedería, pero cuando estas dos gigantes sociedades hipotecarias entraron en crisis, todo de golpe se desbarrancó.
Mis clientes fueron muy golpeados, sus presupuestos se redujeron drásticamente, y me cancelaron los proyectos activos y por venir. Los pagos se dilataron, y mi oficina con un costo de 10.000 dólares mensuales en Rosario se me tornaba muy difícil de sostener. Mientras pude la mantuve y la fui achicando, esperando tiempos mejores, pero luego fue imposible seguir afrontando los costos cada vez mayores.  El agro santafesino invertía sus ganancias en ladrillos rosarinos, las casas se convertían en terrenos, los terrenos en edificios, y las propiedades aumentaban sin límite, al extremo que en un momento dado alquilar irónicamente ya era más oneroso que en Miami, y con tristeza tuve que desarmarla.
Y como les contaba, yo la verdad no sé si es suerte, un boicot personal , destino o desinteligencia emocional, pero así como tuve 3 años brillantes, los siguientes fueron los peores.
Sin ingresos, sin casa, y sin posibilidad de volver a Argentina donde tampoco disponía de perspectivas y donde los juicios de los programadores que reclamaban los últimos meses me atormentaban, fui sobreviviendo en este extraño país.
Hace unos meses, me encontré de casualidad con aquellos conocidos del sitio de fotos. Les costó reconocerme y realmente les dio pena verme en el estado en que estaba. Me pagaron 2 meses de buen hotel, y me ayudaron a renovar mi vestuario. Si bien su sitio ya no existía mas, tuvo su cuarto de hora de éxito, y con las ganancias que habían tenido invirtieron en los primeros tiempos de Facebook como Bono de U2. Hoy son millonarios y tienen oficinas en Sillicon Valley, donde financian empresas de tecnología a las cuales le ven futuro.
“Gaby, llamame en unos meses, hoy por hoy no tenemos puestos, pero en poco tiempo vamos a adquirir otras compañías, y veremos como aprovechar alguien de tu experiencia.” Les agradecí, no sabía si era verdad o no, pero se habían comportado bien, y en la despedida, como al pasar, uno de ellos me pasó un dato. En la Universidad Carneggie Mellon buscan gente para un extraño experimento. “Tal vez te sirva”.
Me contacté con ellos, no tenía nada que perder, y rápidamente me aceptaron, así que justo cuando se acababa mi invitación, me mudé al campus Universitario.
La Universidad había montado un grupo de científicos pioneros en el estudio de la Neuromática.
- La Neuromática -me explicaban-, es una ciencia creada por argentinos e hijos de argentinos como vos. Originalmente se dedicaba al backup cerebral, y por hoy abarca diferentes áreas, como la nuestra, que es la lectura, decodificación y transmisión de pensamientos. En palabras sencillas, lo que la gente suele llamar telepatía.
El único riesgo era que me instalaban un dispositivo de lectura cerebral dentro de mi cerebro, que debía llevar de por vida.  Ese adminículo transmitía mi actividad cerebral a los especialistas para su decodificación. La desesperación y los ingresos lo valían.
Me dejé llevar, y disfruté de varias semanas de calma. El trabajo era realmente sencillo. Solo debía pensar y decirles a los expertos si acertaban o no en sus conjeturas. Al principio su efectividad era prácticamente nula, pero al tiempo pasaron a acercarse, su software de inteligencia artificial aprendía a conocer mi cerebro y descubrían si pensaba en familia, o sexo, o básquet, y luego de diferentes perfeccionamientos ya identificaban de acuerdo a las imágenes cerebrales en que persona estaba pensando, y con qué estado de ánimo.
Esto fue totalmente anónimo. Hasta hace cosa de unas semanas que..¿Para qué les voy a explicar?
Si la historia ya la conocen. Todos la conocen.
Un grupo de hackers se entrometió de alguna forma en el sistema, y logró captar la lectura de mis pensamientos cuando eran transmitido y como su fuera poco tambien robaron los programas de decodificación.  No contentos con eso, elaboraron un mecanismo para subirlos automáticamente a Internet. Distintos programadores del mundo se entusiasmaron con la idea, y tomaron esos datos para realizar websites y aplicaciones. La más famosa ya saben, es What-Is-thinking-Gaby.com, que con distintas caricaturas me muestran en un inodoro, comiendo, o teniendo sexo grupal. Otros suben videos a youtube con mis ideas, y tengo varios perfiles en Facebook. El más serio tiene más de un millón de fans, y cada pocos segundos cambian el estado revelando según ellos la lectura de mi mente. Otros inventan mis reflexiones y me adjudican chistes o proverbios, y tienen más fans aún.
La universidad no pudo encontrar los hackers responsables de la intercepción y hasta hoy mi información cerebral sigue circulando libremente en Internet.  Implementar un algoritmo y protocolos de encripción de la información fue imposible sin cambiar el dispositivo, y la operación de extracción o cambio conlleva un alto riesgo sobre mi cerebro, que me negué rotundamente a correr.
Tengo que reconocer que la situación es agridulce, por un lado ya no tengo más privacidad. Por otro lado soy el hombre más famoso del mundo.
Y mis abogados que elegí (entre tantos que se me ofrecieron), están negociando con la universidad una jugosa y millonaria indemnización por los daños ocasionados.
Para Karina soy un hazmerreir y el peor ridículo del mundo, para los amigos de Adrián, un ídolo, y tal vez esto me permita acercarme a él nuevamente y recomponer nuestra relación. Por lo pronto, nunca estuvimos tan comunicados! Al menos unidireccionalmente.
Aunque debo reconocer que a veces la situación se pone densa, especialmente el domingo pasado cuando me levanté y vi mi imagen moviéndose por el cielo. Unos pícaros idearon un ingenioso sistema de proyección que dibujaba mi imagen en el firmamento, y con viñetas expresaban mis supuestos pensamientos.

Les decía, siempre he llegado tarde a las innovaciones tecnológicas, pero esta vez ! esta vez soy el primero en tener su cerebro en La Nube, o mejor dicho en las nubes.

Esto sí que es verdadero Cloud Computing.



Autor: Autor Ezequiel Rapoport, Channel Manager en Infobyte

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